Actualmente, saber leer quizá sea una actividad devaluada y no sentida como necesaria. Sin embargo, no es sólo un pasatiempo entretenido sino que tiene una función social muy importante. Es una herramienta necesaria para desempeñarse en la sociedad, una manera de adquirir conocimientos.
En la sociedad la información se transmite escrita. No leer es no poder comprender el mundo (social) que nos rodea.
Muchos adultos analfabetos sienten una sensación de temor por enfrentarse a la palabra escrita y a que se descubra su condición (vergüenza).
Leer puede ser recreativo, estimulante, entretenido, constructivo y muchos otros adjetivos más, pero primero es la puerta de entrada a la sociedad del conocimiento (o mejor dicho, no saber leer es ver cerrada esa puerta).
Por otro lado, presenciar el momento en que un niño descubre que ha aprendido a leer es maravilloso.
Siente que ha logrado acceder a algo que hasta ese momento lo rodeaba pero no tenía sentido para él. Descubre que está inmerso en un mundo lleno de significados y disfruta del desafío de descifrarlos. Ese instante es el de la inclusión en el mundo de los adultos.
Y estas palabras tienen que ver con que se acerca el Día del Libro y con la importancia de leer.
Afirmamos, entonces, que para el progreso de un niño no es lo mismo incorporar o no el código lectoescrito. No tenerlo puede tener consecuencias muy importantes en su futuro.
Saber leer no es descifrar lo escrito, es dar sentido, dar significación. Es comprender para obtener significado del texto. El significado le da sentido a querer leer con el despliegue de su imaginación.
Si la experiencia es interesante y agradable, el esfuerzo que supone aprender a leer se verá compensado por la capacidad de hacerlo.
La manera en que aprende, la facilidad y la rapidez, depende de la capacidad individual en parte pero fundamentalmente de las figuras significativas que rodean al niño. Lo atractivo para él es ver que los padres leen con gusto y aprende a interesarse por los libros cuando percibe en ellos el placer de la actividad.
Claro que el placer de la lectura, como tantos otros placeres, no puede adquirirse por imposición. Con competidores cada vez más numerosos y poderosos (TV, videogames, PC, Internet, etc.), no es suficiente el compartir la lectura con nuestros hijos pequeños, ellos deberían vernos disfrutarla.
Facilitar situaciones que le permitan disfrutar la lectura serán los incentivos que el medio familiar y escolar pueden ofrecer a un niño.
Pero el trajín cotidiano no nos deja tiempo libre porque primero están los diarios y los escritos de trabajo. Es importante que nos hagamos el espacio, recuperando el placer de leer, básicamente por nosotros mismos, y también por nuestros hijos.
|