En estos tiempos, como siempre hay palabras, formas, hechos, algunas son modismos, otras hechos necesarios, otras, ambas cosas. No son ni malas ni buenas, son.
La solidaridad es una de ellas, pero ¿Qué es solidaridad? ¿Quién es verdaderamente solidario? ¿Qué significa una acción solidaria?
La solidaridad es un acto de una magnificencia total, que engrandece al ser humano que lo realiza, y dignifica al que lo recibe.
Una persona que realiza una obra solidaria, debe ser aquel ser humano que lo hace en primera medida con lo suyo, con lo que la vida le ha prestado (ej. un buen pasar económico; un talento; saber cocinar, tejer, etc.); con lo que en serio se ha ganado con arduo trabajo (ej. los estudios obtenidos), no con lo que le sobra, llámese esto tiempo, ropa, comida, etc.
Hoy por hoy la solidaridad es un hecho necesario, porque nuestro pueblo está en una crisis que es más moral que económica, pero los argentinos somos solidarios, gracias a Dios.
Y todos estamos llamados a colaborar con esta obra. Todos, de una manera o de otra.
Pero ¿cómo deberíamos ser al momento de ser solidario? Ante todo deberíamos ser humildes y preguntamos para qué somos buenos, para qué somos útiles, dónde, con quién, para quién, cuánto tiempo dedicaremos a ello.
Sería bueno que antes de salir despavoridos hacia la calle, nos preguntáramos si en nuestra casa, en nuestra propia casa, no somos necesarios, si en nuestro hogar nuestros propios hijos no nos están necesitando, (quizás nuestros hijos no nos necesitan como cuando eran chicos, pero nos necesitan de otras maneras).
Claro que para ello deberemos tal vez informarnos también de otras maneras, como abuelas por ejemplo, contándole cuentos, haciéndole ropita, en nuestro vecindario, alguna madre sola, algún vecino enfermo, pero en nuestro alrededor, nuestro pequeño alrededor, siempre con humildad, sin vociferar a los cuatro vientos nuestra buena obra, no pasándonos la vida informando a quien se preste nuestra obra.
Otras de las cosas que deberíamos tener en cuenta es nuestro humor, nuestro buen humor, porque una sonrisa puede muchas veces mucho más que un plato de comida entregado con una cara larga, por eso es que es muy importante realizarlo con una buena predisposición, por ejemplo con una palabra amable: “buen día”.
Ser solidarios, ser agradecido tanto el que da como el que recibe.
Otra de las actitudes soberbias es salir a tontas y a locas, a querer hacer aquello para lo que nunca fuimos capaces, para lo que nunca nos preparamos, porque por supuesto, soberbia por medio, creamos una entidad, sin fines de lucro y somos el/la presidente/a o bien el/la tesorero/a, pedimos acá y allá, y ahí vamos luego empilchados como para una función de gala en el teatro Colón a entregar lo que hemos recogido, de los otros, mirando a los niños desde nuestra altivez, casi con asco.
Esto no es ser solidarios, esto es no saber que hacer, no saber como ganarse el cielo, como lavar nuestra conciencia, como llenar nuestro vacío.
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