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Según un estudio realizado por investigadores del CONICET
Los argentinos pierden y malgastan tiempo
En Argentina hay mucho tiempo perdido y mal usado: la gente corre de un lado para el otro, es impuntual y no aprovecha los momentos de ocio.
A esta conclusión arribó un estudio de investigadores del CONICET, quienes analizaron el comportamiento de los argentinos en relación al paso del tiempo cuando faltaban pocos días para llegar a Fin de Año.
El doctor Angel Garrido Maturano, filósofo, investigador del CONICET, sostiene que “en la Argentina hay mucho tiempo perdido y mal usado”, al tiempo que agrega: “el argentino es un apasionado del vértigo sin sentido. Corre de un lugar para otro, vive constantemente atareado, tanto en Buenos Aires, como en el interior, sin saber ni porqué ni para qué vive así”.
Por su experiencia al haber vivido mucho tiempo en Alemania, el investigador asegura que en países del primer mundo la gente tiene tiempo para hablar, para hacer actividades deportivas, para salir.
“Claro, aquí los problemas económicos, las distancias entre la casa y el trabajo, pueden ser la excusa ideal para no hacer más cosas, lo cual es pernicioso para la salud mental y física de las personas ya que aquí se trabajan muchas más horas que en otros países y se hace mucho menos y al trabajar muchas más horas no queda tiempo para realizar otras actividades creativas o recreativas”, afirma Garrido Maturano.
Por otro lado el ocio es considerado como una conducta negativa y se lo compara con la vagancia, porque hasta en los momentos de ocio, el argentino hace pocas cosas, no aprovecha ese tiempo “ocioso”.
Garrido cree que cada argentino “tiene una idea de que el tiempo se perdió cuando lo cierto es que se pierden posibilidades y al futuro lo abren esas posibilidades. La idea que ‘hay que correr contra el tiempo’ es contradictorio y al mismo tiempo coherente: si el tiempo se perdió queda poco y hay que explorarlo al máximo”.
El filósofo dice que “la falta de organización en la propia vida y el no asumir responsabilidades, hace que no haya tiempo y por lo tanto se sienta pérdida”, al tiempo que agrega: “la solución, sin embargo, no es que el día tenga más horas, porque sólo significaría tener más tiempo para perder, mientras que lo que se necesita es organización”.

Fin de año

A pocos meses de haberse terminado el año volvió a escucharse nuevamente la frase: “este año paso volando”, “no puedo creer que ya lleguen las fiestas”. Ya sea para ver cómo se pasó el año, o para llegar en horario, el ser humano tiene una percepción del tiempo muy distinta a la que marca el reloj o un calendario. Tan poca es esa percepción que la impuntualidad es moneda corriente especialmente en muchos países de este continente.
Si bien el protocolo habla de 10 minutos de tolerancia para llegar a una cena, para los argentinos es imposible cumplir con esa regla a tal punto que hasta los programas de TV, no empiezan a la hora prevista.
Para la doctora en psicología Susana Azzollini, se percibe el tiempo siempre y cuando estemos prestando atención a la estimación temporal: ¿cuánto tiempo pasó desde que llegué? Y la memoria episódica que es la que se plantea cuando se tienen en cuenta hechos concretos: “Debe haber sucedido hace más de 10 años porque todavía no tenía hijos”.
La literatura científica habla de las unidades temporales subjetivas que explicarían porqué dos horas en una fiesta pasan rápido y en cambio, dos horas esperando que un ser querido salga del quirófano, se hacen eternas. La doctora Azzollini no coincide con esta teoría y prefiere hablar de la cantidad de experiencias y factores emocionales que están en juego en estos ejemplos.
“El envejecimiento, totalmente involuntario, ajeno y superior de la conciencia coloca al hombre en una paradoja: por un lado el tiempo es lo más propio suyo porque es el fluir de su propia conciencia, su interioridad más extrema, y por el otro es lo extraño, lo ajeno, lo que adviene sobre él y lo que inevitablemente tiene que resignar”, indica la investigadora, tras lo cual advierte: “ninguna de estas dos aristas del tiempo por si solas, pueden dar explicación del conjunto de nuestra experiencia del tiempo, sino la constante interrelación entre el tiempo físico y el de la conciencia”.

La angustia

Para entender porqué el paso del tiempo genera angustia hay que distinguir la angustia del temor. El temor es siempre por algo, o alguien, pero siempre es objetivo. En cambio la angustia nunca es por algo objetivo y si se nos pregunta el porqué de nuestra angustia repetiríamos lo que dijo Martín Heiddegger: “por nada”. Esa nada significa que el conjunto de las cosas y de nuestras preocupaciones ha perdido significado para nosotros.
Según este concepto, al sentir que el tiempo pasa cada vez más rápido, hay que referirse al temor a la muerte, a lo finito. “Alguien me dijo: en La Edad Media la gente vivía en promedio 30 años más la eternidad, nosotros sólo vivimos 90. La angustia por el paso del tiempo es un tópico en la cultura humana, que se incrementa con la falta de esperanza. Eso produce una profunda angustia, el tiempo pasa y el tiempo perdido no se recupera, por eso digo que el tiempo es una crueldad”, remata Garrido Maturano. (ANPRESS).

 
 
 
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