Millones de toneladas de residuos sólidos urbanos son vertidos cada año en rellenos sanitarios, basurales o vertederos. Hasta el día de hoy la gestión de los residuos se ha centrado básicamente en un único aspecto, la eliminación de los mismos (hacerlos desaparecer de la vista) a través de basurales (como en Carhué), rellenos sanitarios y en algunos casos, de incineradores.
Esas estrategias traen aparejadas graves impactos ambientales y sanitarios. Estas soluciones de final de tubería, como se las denomina, no tienen en cuenta la necesidad de reducir el consumo de materias primas y de energía, y plantean serios riesgos para el medio ambiente y la salud de las personas.
La composición de la basura es el reflejo de la actual sociedad de consumo cuyos hábitos están dirigidos a la compra de productos de “usar y tirar” que lejos de ofrecernos una mejor calidad de vida por la supuesta comodidad de su empleo, nos conducen a una irrefrenable generación de residuos.
Estos productos tienen un exceso de embalaje, que una vez finalizado su uso, se “tira a la basura”. Sin embargo, la basura no desaparece sino que es trasladada, en su mayor parte, a basurales, vertederos o rellenos sanitarios.
Hay en nuestro país una creciente preocupación de las comunidades por los daños ambientales que producen tanto los rellenos sanitarios como los incineradores y se está volviendo cada vez más difícil para los gobiernos determinar los sitios donde disponer los residuos.
Existen fundamentos suficientes que sustentan la preocupación de estas comunidades y es necesario, de una vez por todas, aplicar políticas integrales para solucionar el problema de los residuos sólidos que varios países del mundo ya están empezando a implementar.
Se trata de un problema complejo del que no escapa Carhué. Enfrentarlo implica generar cambios importantes en los procesos de producción y en los modelos de consumo. Un enfoque correcto del problema de los residuos debe, según los entendidos: Evitar el derroche de materias primas y energía; pasar de un sistema de producción, consumo y eliminación lineal a un proceso circular reintroduciendo los materiales en los ciclos de producción; evitar sistemas de eliminación que supongan un riesgo para el medio ambiente y la salud de las personas.
Por otro lado, todos somos consumidores, y por lo tanto, también jugamos un papel fundamental en la generación de residuos. Continuamente compramos, usamos y desechamos bienes de consumo. Si todos los productos que utilizáramos fueran biodegradables y libres de sustancias tóxicas, los procesos naturales los podrían degradar y devolver a la naturaleza. Sin embargo, éste no es el caso.
En Carhué desde hace mucho tiempo se viene planteando el problema, cada vez más acuciante. Es de desear que pronto las autoridades encuentren soluciones aplicables para que el medio ambiente en el que habitamos no continúe contaminándose y podamos mejorar la calidad de vida. Y ojalá que la formación de Consejos Regionales Ambientales, en el marco del Consejo Social Ambiental de la Provincia de Buenos Aires, pueda cumplir con el objetivo que persigue.
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