Edición On Line
Año XI- N° 620 - 20-04-17
Carhué - Argentina
EL REPORTAJE / LILIAN VAZ
“Si naciera nuevamente, volvería a ser maestra”
En una extensa entrevista, la docente jubilada repasó anécdotas y habló, entre otras cosas, del significado de la escuela rural, de los reclamos docentes por salarios justos y de las amigas que le dejó la profesión.
Lilian Vaz. “No soy de pensar que todo tiempo pasado fue mejor”.
Una de las docentes jubiladas que dedicó su vida a la educación -durante 30 años-, trabajando en distintas escuelas rurales del distrito, es Lilian Vaz quien, además, se volcó a la educación especial.
Por tal motivo este medio la entrevistó para conocer sus puntos de vista acerca de lo que significa la educación en establecimientos rurales, la vocación docente y la lucha por el mejoramiento salarial, entre otras cosas.
- ¿Cómo se vinculó a la docencia?
- Cuando terminé el secundario en Villa Maza, me vine a Carhué con la idea de estudiar magisterio, pero ese año no se abrió la carrera porque era cuando comenzaba la carrera de Profesorado de Educación Primaria. Cuando abrieron la carrera me inscribí y en el año ‘75 me recibí. Mientras estudiaba, trabajé en el estudio contable del Sr. Marichalar, padre de Eduardo, y mi familia me ayudaba. Fue en esa época en que conocí a mis amigas, también estudiantes de magisterio, que son mis amigas de toda la vida, las conservo luego de 45 años.
- A lo largo de su carrera trabajó en distintos establecimientos rurales…
- A poco de recibirme, en marzo de 1976, me llamaron para trabajar como docente de escuela rural. Con un grupo de amigas tomamos el tren a Rivera, yo bajé en Darregueira y me fui a trabajar a la Estancia La Verde, en Avestruz. No conocía a nadie, pero tenía el coraje de mis 22 años. Ahí aprendí a trabajar en plurigrado. Siempre cuando bajaba del tren alguna familia de los alumnos me buscaba y me quedaba allá con ellos. En agosto renuncié porque dejó de pasar el tren y no tenía cómo ir y me fui a trabajar al paraje Montefiore, en la Escuela N° 11, donde conocí a familias judías y descendientes de alemanes que para mí fueron todo. Entre ellos estaba la familia Blejman, que me alojó en su casa, y me apoyó cuando perdí a mi mamá. Después trabajé en Arano, con Nora Lejarraga de Preux, que vive en Rivera, y que era la directora. Luego me desempeñe en la Escuela N° 1, en Carhué, donde di clases en 3er grado. Otras instituciones en las que trabajé fueron: la Escuela Especial, la escuela del Paraje Las Torres, a 15 km de Puan, donde también la comunidad me recibió muy bien; la Escuela N° 2, de Paraje Cilley, camino a Rolito, donde me desempeñé hasta el ’89, año en que decidí pedir traslado a la Escuela N° 17, en el Barrio Illia; la Escuela N° 16 -que cerró en 2000- y fue una de las primeras que cerró, y volví a Paraje Cilley. Me jubilé trabajando en la Escuela N°, 8 en la Estancia La Concepción. A la par, me desempeñaba en la Escuela Especial y, con una amiga, nos recibimos de maestras especiales hacia el final de nuestra carrera laboral.
- ¿Hay diferencia entre enseñar en el campo y en escuelas urbanas?
- Sí, porque tenés el plurigrado, tenés que repartirte entre todos los alumnos. Siempre digo que cuando empecé a trabajar me enseñaron los primeros alumnos que tuve. Están acostumbrados a ese tipo de enseñanza y son maravillosos. Y también guardo un gran recuerdo de mis alumnos de la Escuela Especial.
- ¿Una anécdota de aquellos años?
- Muchas. No había televisión, no teníamos teléfono, no teníamos nada, ni fotocopiadora. Quizás la que más recuerdo es la del 21 de junio del ‘83, yendo a la Escuela N° 31, que me quedé 12 horas encajada con un Citroen que me había podido comprar. Estuve 12 horas ahí, sola, hasta que llegaron Juan Stip y un señor de apellido Zwenger, que iban a buscar a los empleados municipales que hacían los arreglos de la red vial. Cuando los vi me puse a llorar. Era un viernes y no tenía a dónde ir a pedir ayuda. La empresa Techint estaba construyendo un gasoducto entre Pigüé y Santa Rosa, obra que nos dio gas natural a Carhué y las localidades vecinas. El camino era gredoso, pantanoso y con el paso de las camionetas, camiones y maquinarias había quedado intransitable. Ese día me había puesto unas botas nuevas y caminé buscando ayuda, pero no encontré. Quedaron tan sucias después de caminar entre el barro que el lunes cuando vine, las tiré en un arroyo. No las quise ni limpiar.
- ¿Cómo están esos establecimientos en la actualidad?
- Algo que quiero decir, con dolor, es que todas las escuelas rurales donde trabajé están cerradas, menos la N° 4 de Arano, que por suerte funciona con una buena matrícula. La tecnificación del agro hace que se empleen menos personas y ha provocado el desplazamiento de las familias jóvenes a los centros urbanos, por lo que los chacareros emplean a hombres solos, y esa es una de las razones por las que las escuelas rurales se quedan sin matrícula y son cerradas.
- A lo largo de su trayectoria ¿vivió muchos conflictos salariales?
- Sí. Siempre desde la docencia -desde los gremios- hubo una lucha por el mejoramiento de salarios, y es algo justo, que todas necesitamos, salarios dignos. Hemos hecho paros, reclamos siempre hubo. Creo que se va a llegar a un arreglo, Dios quiera que se llegue a acordar.
- ¿Cree que “maestras eran las de antes”?
- No. No soy de pensar que todo tiempo pasado fue mejor. Creo que ahora hay docentes excelentes y otras que no lo son, y eso ocurrió toda la vida. Pienso que las épocas han cambiado y la gente, también. Si una persona es responsable, siempre encuentra cosas por hacer, por mejorar.
- ¿Y cómo se siente hoy?
- Feliz. Me jubilé en 2008 y disfruto de mi jubilación. Estoy con mi marido, con mis amigas, mi familia: sobrinos, sobrino-nietos, con mi ahijado de cuatro años y su hermanita, etc. Hago pilates, camino, tomé clases de costura -que me encanta- y estoy aprendiendo a bordar. Soy realmente feliz en esta nueva etapa de mi vida. Hoy, con mis compañeras docentes de escuelas rurales seguimos encontrándonos para celebrar fechas importantes. Si naciera nuevamente, volvería a ser maestra.

Publicado el 20-04-17